Fue un deseo innato en mi persona y siempre busqué en una chica en específico.
Fue difícil que fuese correspondido, ya que el amor verdadero es utopía aún,
utopía aún para los que dicen llamarse cristianos y realmente no lo demuestran.
El amor verdadero jamás daña a nadie y jamás provoca desorden alguno,
aún ni la mujer pequeña que amo lo ha entendido solo se fija en ingratos.
Me diría: “Y a ti que te importa eso, yo nunca quise fijarme en ti.”
Yo le respondería: “Eso que dices es relativamente cierto.”
Me diría: “El hombre que busco debe complacerme.”
Yo le respondería: “¿En qué asuntos?”
Me diría: “hmm., en comprarme todo lo que quiera.”
Yo le respondería: “Fácil decirlo, pero que importa más ¿el dinero o el amor?”
Me diría: “Lo último por supuesto.”
Yo le respondería: “Entonces ¿Por qué la complacencia se traduce en dinero?
Me diría: “Pues así se muestra el hombre que me ama.”
Yo le respondería: “Y qué tal si no es adinerado, y es más pobre que ti.”
Me diría: “Bueno… hasta aquí la conversación.”
Yo le respondería: “Esta bien.”
Amor es más que dinero,
más que oro y plata,
y diamantes…